sábado, 22 de marzo de 2014

Técnicas modernas para el entelado transparente de pinturas

En este artículo se describe el proceso para realizar un entelado transparente en dos pinturas sobre tela del siglo xviii con el adhesivo sintético Beva-film®. Para obtener transparencia y una correcta adhesión de las telas se ha ideado un instrumento que permite un control muy preciso y computerizado tanto de la presión del vacío como de la temperatura, substituyendo de manera efectiva la mesa caliente y permitiendo un entelado perfectamente transparente. También se trata el tema del montaje de cuadros sobre bastidores expansibles.

Laura Speranza. Historiadora del Arte y Directora de los departamentos de escultura y cerámica del Opificio delle Pietre Dure. laurasperanza@beniculturali.it
Mario Verdelli. Especialista en nuevas tecnologías para la conservación de pinturas, especialmente de las técnicas de vacío. marioverdelli@alice.it
Nadia Presenti. Restauradora de pintura para el Ministerio de Bienes Culturales de Italia. nadiapresenti@libero.it

Vincenzo Milione, “San Romualdo ante Otón iii”. Anverso después de la restauración con luz rasante.
(Fotografía: Mario Verdelli)

INTRODUCCIÓN[1]
El entelado transparente[2] es útil en el tratamiento de una vasta tipología de pinturas sobre tela, tanto antiguas como modernas, cuando se hace indispensable consolidar la obra, y al mismo tiempo, conservar en el reverso una visión perfecta de inscripciones, firmas, fechas y siglas. Desde el punto de vista técnico y operativo es un argumento particularmente interesante, porque implica en la restauración de pinturas el uso combinado de la presión y del calor, de resinas termoplásticas y de toda una serie de materiales sintéticos modernos.
Para realizar esta particular intervención, existe un tipo de adhesivo que posee las características necesarias para garantizar la adhesión de los materiales manteniendo la transparencia; se trata de la resina sintética termoplástica[3] Beva-film®, que debido a sus características técnicas necesita una temperatura precisa de aplicación. Este hecho excluye, por una parte, el uso de algunos sistemas modernos como la mesa fría de baja presión; por otra, el uso de la mesa caliente es limitado por motivos esencialmente prácticos. Algunos elementos que complican su utilización son el consumo excesivo de energía, las dimensiones y el peso, que la hacen aparatosa y difícilmente movible, además del elevado coste de fabricación.
Se introduce, así, el problema de encontrar un medio más sencillo y económico pero igualmente eficaz en la distribución, el control y la estabilización de la temperatura, funciones necesarias para un correcto aprovechamiento del adhesivo y, obviamente, para no dañar la superficie pictórica con variaciones térmicas excesivas e incontroladas. Para que la presión, indispensable para la adhesión de las telas, resulte útil, debe ser controlada, aplicada gradualmente y distribuida de manera homogénea. Al mismo tiempo, no debe provocar efectos colaterales como el calentamiento de la superficie pictórica o deformaciones en la trama tejida del soporte.
De esta manera, es importante actuar con un perfecto conocimiento de todas las técnicas, instrumentos y metodologías implicadas para obtener unos resultados seguros, sobretodo en el caso de intervenciones complejas de conservación como las que ilustramos a continuación.
LAS OBRAS SELECCIONADAS
Las pinturas al óleo sobre tela provienen de la iglesia del monasterio de Camaldoli (Italia) y han sido restauradas por la Soprintendenza B.A.A.A.S. de Arezzo bajo la dirección técnico-científica de Laura Speranza. Representan “San Romualdo ante Otón iii” y “San Benito con el Emperador de los Hunos”, tienen forma ovalada y miden 71 x 105 cm. En el reverso de las telas, con un pigmento de color negro, se lee la inscripción: Dipinse Vincenzo Milione Pittore al Sudario[4] in Roma 1781.
ESTADO DE CONSERVACIÓN
Las pinturas se presentaban en condiciones precarias de conservación. Las dos obras han sido estudiadas a través de los análisis pertinentes, determinando las mismas peculiaridades de construcción y el mismo tipo de deterioro.
Los bastidores originales, fijos, de abeto, mostraban alguna fisura longitudinal siguiendo las fibras de la madera, y los travesaños verticales, que se encontraban originariamente en una posición diferente, ocultaban ligeramente las inscripciones autógrafas.
Observando las marcas que los travesaños han dejado en la tela, resulta evidente que en una intervención anterior de restauración, las pinturas fueron desmontadas y los bastidores cambiados.
Las telas presentaban algunos agujeros y cortes, estaban destensadas, debilitadas y las marcas del bastidor eran muy evidentes. Las tramas de ambos tejidos eran muy abiertas, tanto, que la preparación de color tierra siena tostada era particularmente evidente a través de las fibras.
La preparación, que con el paso del tiempo había perdido mucha de la elasticidad original, representaba para la pintura al óleo, incluso más que la propia tela, el verdadero plano funcional de soporte. La consecuencia de este hecho era la fuerte rigidez de la superficie de las pinturas y, con la pérdida de planitud del soporte, el peligro para la estabilidad del color.
La capa pictórica, exenta de relieves particularmente pronunciados, tiene un grosor regular y mantiene, junto con la preparación, y a pesar de los cuarteados, una buena adherencia al soporte, excepto en aquellas zonas donde los pliegues de la tela, destensada por continuos movimientos a causa de las variaciones termohigrométricas, habían causado la fragmentación de la preparación y del color y, con el desprendimiento, habían dado lugar a lagunas localizadas especialmente a lo largo del perímetro. Numerosas abrasiones y pérdida de veladuras, originadas en una restauración anterior poco idónea, afectan a la capa pictórica y se localizan sobre todo en los vestidos y las carnaciones. Un barniz coloreado muy espeso, aplicado probablemente en una intervención anterior para disimular las abrasiones, estaba muy oxidado. Además, la suciedad, el negro de humo, el polvo y los depósitos orgánicos contribuían a oscurecer la policromía.
PROCESO DE RESTAURACIÓN
Considerando que las inscripciones del reverso de las obras eran un documento particularmente interesante que se quería conservar (no se conocen del autor otros testimonios autógrafos) y que las telas, debido al deterioro y las numerosas rupturas de las fibras textiles no podían soportar de manera efectiva los estratos preparatorios, se propuso realizar un entelado reversible, perfectamente transparente y con características de resistencia, ligereza y flexibilidad.
Con esta finalidad, y después de haber realizado sobre las dos pinturas pruebas de calor y de solubilidad a los disolventes con resultado negativo, el adhesivo elegido fue Beva-film®, por ser, como ya se ha dicho, fino, elástico, reversible y completamente transparente. Por otra parte, entelados con pasta de harina o adhesivos acrílicos en solución acuosa serían contraindicados en este caso: los adhesivos, siendo opacos, hubieran ocultado las inscripciones, con la posibilidad de dañarlas en una futura y eventual eliminación del entelado.
Después de algunas investigaciones, se ha decidido utilizar para el entelado una tela sintética 100% poliamida, de 65 g/m2 y 140 cm de ancho, suficientemente resistente en relación a las dimensiones de las pinturas y de óptima transparencia. Las ventajas de usar esta tela son evidentes y consisten en la poca sensibilidad a las variaciones termohigrométricas. Como inconveniente, se puede señalar la fragilidad localizada en los bordes y una menor resistencia a las fuerzas transversales. Cuando se evalúa la resistencia de la tela en relación a la pintura a entelar, es necesario considerar la aportación del adhesivo sintético, que no es un elemento inerte, sino que contribuye a una mayor consistencia del tejido sin restar flexibilidad.
Después de estos primeros estudios e investigaciones, pensamos en desarrollar nuevos bastidores ovalados expansibles que no ocultaran las inscripciones, en sustitución de los originales no idóneos. Por ello, los nuevos bastidores de madera de abeto son robustos y funcionales, para poder garantizar en el tiempo una tensión eficaz de las telas y hacer innecesarios los travesaños centrales.
Antes de entelar es necesaria la eliminación del barniz coloreado y oxidado para evitar el riesgo de reblandecer accidentalmente el adhesivo sintético, como podría haber ocurrido en el caso de una limpieza del color realizada después del entelado.
Igualmente, hemos verificado que los disolventes utilizados sobre la superficie pictórica en la fase de limpieza o de barnizado, no siempre son un problema para el Beva-film® usado en los entelados, en bandas perimetrales o en reparaciones de agujeros y cortes.  Al fin y al cabo, esto depende de la cantidad de adhesivo, de la presión y de la temperatura utilizada en el momento de la aplicación. Por ejemplo, a un mayor valor de estos parámetros corresponde, dentro de ciertos límites, una mayor penetración de la resina en los materiales, haciendo más difícil su eliminación.
En este caso, para que el entelado sea transparente, se ha utilizado una cantidad mínima de adhesivo: un único film entre la tela de entelado y la pintura, aplicando una presión moderada.
Se ha decidido, considerada la delicadeza de la intervención, tomar algunas precauciones para no dañar el adhesivo, como anticipar la limpieza y el barnizado.
Llegado a este punto, las pinturas han sido desmontadas de los antiguos bastidores y se ha limpiado el polvo del reverso con un pincel suave y un pequeño aspirador.
La consolidación de la capa pictórica solamente era indispensable alrededor de las lagunas. Para ello se ha impermeabilizado preventivamente la superficie del color que se debía fijar con una capa de resina sintética Plexisol® (1:5 en esencia de petróleo), después se ha inyectado localmente bajo el color la cola de conejo caliente (1:18 en agua) y finalmente se ha calentado la zona tratada a temperatura controlada[5] de 50 °C. Tras la fijación, el exceso de cola se ha eliminado sin problemas de la superficie pictórica con esencia de petróleo en lugar de hacerlo con agua.
Para aplanar las ondulaciones y las arrugas de la tela, las pinturas se han sometido a un test preventivo de humedad y calor con resultados negativos. De esta manera, se han podido humedecer ligeramente pulverizando agua desionizada en el reverso, para, a continuación, plancharlas a temperatura controlada de 55 °C. Posteriormente, se han dejado bajo mínima presión el tiempo necesario hasta su total relajación. De esta manera se ha obtenido un aplanado óptimo.
En las lagunas se han colocado dos injertos de tela de lino con la intención de igualar el nivel de grosor de la obra, tanto por la parte de la superficie pictórica como por el reverso. De esta manera, una vez realizado el entelado, se ha podido eliminar el injerto externo de la tela, dejando aquel que se ha adherido a la tela de entelado, perfectamente bajo el nivel de la superficie.
El proceso que se acaba de describir es indispensable para permitir una correcta adhesión al vacío del injerto en contacto con la tela de entelado. En el proceso que nosotros hemos realizado, la presión del vacío oprime la pintura desde el reverso. Por este motivo, si se colocara un solo injerto en la laguna, la presión lo empujaría hasta aflorar en la superficie, impidiendo después la fase de estucado con yeso y cola.
Posteriormente se ha barnizado con una resina natural de almáciga. La operación ha sido particularmente dificultosa a causa de la poca homogeneidad del perfil pictórico (zonas brillantes y mates). Se ha procurado dejar secar muy bien el barniz antes del tratamiento con calor, de lo contrario podría dañarse.
Antes de aplicar el adhesivo sintético a la tela de entelado, hemos realizado pruebas de adhesión sobre algunas muestras, utilizando solamente planchas de uso común y actuando a presión atmosférica (en la literatura este procedimiento se indica como alternativa a la mesa caliente y al vacío). Estas pruebas no han dado los resultados deseados: el adhesivo, por la fusión imperfecta del material termoplástico o por la presión heterogénea, ha penetrado de manera diferente en las fibras de la tela sintética. Este hecho provoca en el entelado una refracción de la luz diferente (efecto satinado), que altera la lectura de las inscripciones que habíamos simulado en algunos viejos trozos de tela de lino, mientras que en otros tests se ha verificado un buen anclaje a las muestras de tela natural y una buena resistencia de la tela sintética a las cargas y a la tracción.
En definitiva, las técnicas tradicionales han resultado inadecuadas, por tanto se ha procedido a la aplicación de Beva-film® con la técnica del vacío y la ayuda de un instrumento con capacidad de calentarse, sustituyendo de manera efectiva la mesa caliente. Veamos con detalle el desarrollo de esta operación.
Aplicación de Beva-film® al vacío: el procedimiento
En primer lugar se ha adherido Beva-film® al vacío en la tela sintética. Para ello se ha utilizado un envoltorio de plástico muy fino que tiene la característica de adaptarse perfectamente a los materiales introducidos en su interior y, una vez sellado, tiene la función de permitir la extracción del aire. Este envoltorio, denominado habitualmente “bolsa”, ha sido preparado, partiendo de la parte inferior, de la siguiente manera:
• una hoja de nailon por las propias características de resistencia;
• un plano rígido apoyado en la hoja de nailon;
• una hoja de papel siliconado;
• la tela sintética no tensada;
• sobre la tela se ha colocado una hoja de Beva-film® con su propio Melinex®;
• como cierre de la parte superior de la bolsa se ha usado una hoja de Melinex® (a diferencia del nailon no se deforma si se somete a variaciones de temperatura).
Ha sido necesario introducir en las bolsas un sistema de aspiración realmente eficaz, para obtener durante el vacío una presión uniforme sobre toda la superficie de las telas, indispensable para la adhesión homogénea de la hoja de Beva-film®. Además, pequeñas diferencias de presión habrían podido dar lugar a zonas con una adherencia incorrecta y en consecuencia no transparente.
En realidad, hemos demostrado en estudios recientes que la extracción del aire en un sistema de vacío, como el de la bolsa, resulta difícil debido a los diferentes grados de resistencia al paso del aire, que se crean entre los materiales, con la consiguiente diferencia de presión de algunas zonas respecto a otras. De este modo es probable que con un bajo nivel de presión, en algunas partes del sistema, el vacío sea del todo ausente. Debemos añadir que si los instrumentos de medida se colocan, como se hace habitualmente, al lado de la bomba aspirante, no son capaces de leer correctamente estas diferencias de presión en el interior de bolsa. Este hecho impide actuar de manera eficaz a un bajo nivel de vacío, indispensable para obtener unos resultados positivos en intervenciones cada vez más avanzadas y sofisticadas. Así pues, ha sido importante replantear el sistema de extracción del aire y de medida del vacío.
Un nuevo sistema de aspiración
Con este propósito, ya hace algunos años que hemos preparado en nuestro estudio un dispositivo[6] que utiliza una serie de módulos de acero de forma helicoidal, con sección de 2 cm aproximadamente.
Los módulos son tan largos como se quiera ya que son desmontables y flexibles. Así pues, una vez introducidos dentro de la bolsa y unidos a los tubos de aspiración, se adaptan entorno al objeto que se somete al vacío. De hecho, con su forma constituyen una galería abierta para el paso del aire que separa, alrededor de la pintura, las dos hojas que configuran las caras de la bolsa.
Como se puede deducir, mientras el volumen de aire extraído se mantiene invariable, se aumenta de manera macroscópica la eficacia del sistema (hasta 1.500 veces) respecto a la introducción en la bolsa de uno o más tubos de aspiración, las pérdidas de carga son drásticamente reducidas, obteniendo así la homogeneidad de la presión incluso a un nivel bajísimo de vacío.
Este sistema también supone una mejora respecto a la introducción de las bandas de tela como respiradores.[7] Las bandas de tela o materiales similares, sometidos a un proceso de vacío, reducen su volumen y tienden a ponerse rígidos. Las características de los canales de transporte para el aire se modifican y resultan difícilmente cuantificables.
Los módulos, en cambio, muestran características constantes en las diversas condiciones operativas y, con una adecuada instrumentación, es posible medir la presión efectiva en cada momento y en cada una de las partes del sistema, con las operaciones de restauración en curso, sin alterar de ninguna manera la disposición de la pintura y del aparato.[8]
La preparación de las bolsas concluye con la introducción del sistema de aspiración con los módulos, que han formado un marco entorno al objeto que se someterá al vacío. Después, los módulos han sido conectados a dos tubos para el transporte del aire, y éstos al sistema de control y a la bomba aspirante. Finalmente, selladas las bolsas con pasta moldeable, se ha realizado el vacío de manera gradual entorno a los -20 kPa (la escala de nuestros instrumentos parte de “0” [ausencia de vacío] y llega a -100 kPa [aproximadamente el 100% de vacío]). Este es un grado de presión que creemos óptimo para una adhesión sólida y ha sido calculado en base a algunos parámetros, como el diámetro de las fibras, las características de la trama, el tipo de tela sintética, etc.
El instrumento portador de calor
Para activar el film de resina termoplástica se ha utilizado un instrumento con capacidad de calentarse, eficaz y fácil de usar; también construido completamente en nuestro laboratorio. Se trata de una gran plancha de aluminio de 20 x 90 cm y con un grosor aproximado de 3 cm, calentada por ocho resistencias fijas con forma de barra cilíndrica, inseridas en agujeros practicados en el grosor del metal a una distancia regular de 10 cm el uno del otro.
Cada resistencia tiene una potencia de 200 W para un total de 1.600 W, está protegida por un fusible y se controla con un piloto luminoso que verifica su funcionamiento, así, una eventual avería es fácilmente detectada. Además, la alimentación independiente de cada resistencia garantiza igualmente el funcionamiento del aparato, incluso con la presencia de una avería puntual.
El aparato ejerce un peso de 1 kPa (aproximadamente 10 g/cm2) que en la práctica, en proporción a la superficie de la placa, equivale a la presión ejercida por una plancha común ligera, con un peso aproximado de 1,5 kg.
Para detectar las diferencias de temperatura han sido inseridas en el metal dos sondas: una (denominada sonda C) colocada en el centro de la placa cerca de una resistencia (parte más caliente), la otra (denominada sonda F) alejada de las resistencias a pocos centímetros de distancia de un extremo de la placa (parte más fría).
Las sondas colocadas de esta manera se conectan a una centralita electrónica computerizada,[9] proyectada en base a conceptos ligados a la inteligencia artificial y a las estructuras de lógica decisional, que incorpora, además de los normales algoritmos de regulación, sofisticados modelos matemáticos, gracias a los cuales el aparato es capaz de responder autónoma y rápidamente a las diferentes condiciones de uso. Los datos de la temperatura seleccionada, de la temperatura medida, de los tiempos de calentamiento, etc., son continuamente procesados y se traducen en una respuesta en forma de impulsos eléctricos, variables en el tiempo, destinados a alimentar las resistencias de la plancha metálica. De esta manera se obtiene un control de las temperaturas muy preciso y constante.
En el caso de esta gran plancha caliente (respecto a la temperatura seleccionada de 65 °C), la variación de temperatura que puede sufrir cada una de las sondas está comprendida entre +/-0,3 °C, mientras que la diferencia de temperatura entre éstas (sonda C y sonda F), es decir, entre la parte más caliente y aquella más fría de la plancha, es de sólo 1 °C. Con este instrumental, además, se obtiene una perfecta gestión de las inercias térmicas, un fenómeno que complica el control de las temperaturas en las planchas comunes.[10]
Conclusión sobre las operaciones de adhesión al vacío
Volviendo a las operaciones de adhesión al vacío, la longitud de las bolsas ha sido dividida idealmente en secciones tan largas como la plancha (20 cm), mientras que el ancho de ésta (90 cm) era suficiente para cubrir la altura de las pinturas.
La idea es similar a aquella de la fotocopiadora, donde la luz se desplaza sobre la hoja, pero en nuestro caso es el calor el que se desplaza a lo largo de la bolsa. Siguiendo este procedimiento, cada sección se ha calentado a la temperatura de 65 °C[11] durante cinco minutos, tiempo suficiente para activar la resina termoplástica; ésta, para favorecer el proceso de adhesión, se ha dejado enfriar bajo la presión del vacío durante una hora aproximadamente.
Se ha observado la importancia de procurar un enfriamiento gradual del adhesivo sintético bajo el vacío, ya que la falta de presión o una refrigeración demasiado rápida determina la contracción de la resina sobre la superficie de la tela, de manera que la adhesión no resulta idónea.
Si posteriormente queremos ralentizar el cambio de calor de la zona tratada con el ambiente externo, se puede aislar térmicamente con cualquier material útil a este propósito.
Con este método hemos obtenido óptimos resultados, ya que la penetración de la resina ha sido homogénea, consiguiendo así la completa transparencia de la tela y del adhesivo.
En este punto nos encontramos a la mitad de la operación, ya que todavía falta adherir a las telas sintéticas el reverso de las pinturas con las inscripciones.
Con esta finalidad, considerando el perfil regular y compacto de la superficie pictórica y constatando la ausencia de relieves pronunciados en ambas pinturas, se han utilizado las técnicas e instrumentos descritos anteriormente.
La técnica prevé la colocación de la obra dentro de la bolsa con la capa pictórica apoyada sobre una superficie blanda de goma, y ésta sobre un plano donde trabajar. De esta manera se pueden aplicar, desde el reverso de las telas y sin peligro de alteración, la presión y el calor[12] necesarios para realizar el entelado.
Las nuevas bolsas se han preparado de la siguiente manera:
• una hoja de nailon como parte inferior de la bolsa;
• un plano rígido, donde se apoyan la pintura y la tela de entelado;
• una lámina de goma Pirelli® de un grosor aproximado de 3 mm, sin ninguna imperfección, para proteger la capa pictórica en la fase de vacío;
• una hoja de Melinex® siliconado;
• la pintura no tensada, con la capa pictórica hacia abajo;
• la tela sintética transparente no tensada, con el Beva-film® en contacto con el reverso del cuadro;
• una hoja de Melinex® siliconado;
• una hoja de Melinex®, para cerrar la parte superior de la bolsa, no siliconado (para permitir a la pasta moldeable sellarlo a la hoja de nailon).
Antes de cerrar las bolsas se ha colocado, alrededor de las telas, el sistema de aspiración con los módulos helicoidales descritos anteriormente.
La presión, siempre inducida de manera gradual y muy lentamente para no crear estrés  a las pinturas, ha sido de -15 kPa (aproximadamente 150 g/cm2). La presión ha sido inferior a la aplicada en las telas sintéticas, porque para garantizar la reversibilidad, hemos pretendido una penetración menor de Beva-film® en la tela de los cuadros.
A continuación las bolsas han sido divididas idealmente en secciones, y la plancha metálica caliente se ha aplicado durante cinco minutos en cada una de éstas a la temperatura controlada de 65 °C, para activar localmente y por contacto con el reverso de las telas, el adhesivo termoplástico en film.
Los resultados del entelado
La elección de una metodología adecuada, una correcta configuración, la cantidad de adhesivo, la presión, el grado de calor y los tiempos de exposición a la temperatura, han sido determinantes para obtener unos entelados perfectamente transparentes y reversibles, aplicando un grado de calor muy bajo y disolventes inocuos para la obra.
La adhesión homogénea de los materiales, a través del vacío bien controlado, ha evitado la aparición de burbujas de aire en la resina o contracciones de la tela.
Las inscripciones en el reverso de los cuadros han permanecido intactas y bien legibles, además, se ha obtenido un entelado elástico y una buena capacidad de tensionamiento de las telas de poliamida, contribuyendo al tensado del cuadro (6). La tela sintética, el adhesivo sintético en lámina y el propio cuadro, interactúan para alcanzar este tensado elástico, condición que, evaluando todos los aspectos del estado conservativo, hemos creído suficiente para la correcta conservación de los estratos pictóricos. Otro elemento a considerar es la solidez de los bastidores, que contribuye, más de lo que podamos pensar, a atenuar las variaciones de tensión en los soportes ante los cambios de las condiciones de humedad relativa, tal y como ha puesto de manifiesto Gustav Berger. Este último aspecto, la variación de humedad en el material, con el tiempo, será objeto de revisión y de estudio, teniendo siempre en cuenta que el adhesivo sintético del entelado proporciona una cierta impermeabilización al reverso del cuadro.
Finalmente no se han observado efectos colaterales a causa de la presión del vacío, como modificaciones o alteraciones de la superficie pictórica y del color, deformaciones de la trama de la tela original, etc.
Hasta el momento los resultados conseguidos son muy positivos, pero debemos verificar si las óptimas condiciones de conservación obtenidas se mantendrán invariables durante un periodo de tiempo razonablemente largo. Por esta razón, pensamos estudiar el comportamiento de las pinturas y de los materiales sintéticos introducidos con controles periódicos realizados in situ.
Un interesante sistema para montar las telas
Cuando se tiene que montar la tela en un nuevo bastidor, tanto si ésta ha sido entelada con una nueva tela o sólo se han aplicado bandas perimetrales, en la nueva literatura es cada vez mas frecuente el consejo de tensar la tela con las manos en vez de usar las pinzas destinadas a esta función. ¿Pero es siempre necesario seguir este sistema? Nos hicimos esta pregunta el día que intentábamos montar sobre un nuevo bastidor una pintura de grandes dimensiones (con la parte superior redondeada), con la superficie pictórica envuelta correctamente y apoyada sobre el suelo.
De la observación de este pavimento perfectamente plano ha nacido la idea de que una tela sin ninguna ondulación (perfectamente plana) y apoyada con la capa pictórica sobre un plano,[13] ya está en las condiciones óptimas de planitud para ser colocada en el bastidor.
Para montarla basta poner el nuevo bastidor sobre el reverso del cuadro, doblar delicadamente los extremos y fijarlos al bastidor con grapas de acero inoxidable colocadas con una pistola de aire comprimido Atro®, que no provoca contragolpes.
Para aumentar la eficacia del tensado final de la tela es aconsejable colocar las grapas ordenadamente y próximas entre sí. De esta manera se multiplican los puntos de anclaje y se fraccionan los puntos de fuerza y de carga en la zona más delicada del sistema, los extremos de la pintura.
Una vez finalizado el anclaje y colocado el bastidor en posición vertical, podríamos esperar la presencia de ondulaciones en la tela. Nada de todo esto ocurre: la pintura se presenta perfectamente plana aunque todavía no está tensada del todo. Este hecho supone una ventaja porque si ahora expandimos[14]delicadamente el bastidor, podemos regular y escoger desde el primer momento la tensión más adecuada. Al contrario, con el montaje tradicional, se crean tensiones locales en la tela y tan sólo una vez finalizada la operación se puede comprobar el grado de tensión general, que puede resultar, en algunos casos, excesivo y poco homogéneo.
Así pues, la gran tela a la que nos acabamos de referir, ha sido montada por una sola persona en poco tiempo. Ni el estrato pictórico ni la tela han sufrido estrés, es más, la pintura, permaneciendo extendida e inmóvil, no ha sido sometida (apoyada sobre un bastidor como en el montaje tradicional) a relajamientos.
Este estado inmóvil, además, ha favorecido el alineamiento perfecto de la pintura con el perfil del bastidor.
El conocimiento razonado de esta experiencia y las implicaciones positivas que se derivan, han llevado a la decisión de aplicar este método de montaje en todas las obras de nuestro estudio, de cualquier forma y dimensión, siempre que sean compatibles con el posicionamiento de la superficie.[15]
También hemos observado que, en el caso de una pintura tensada en un bastidor provisional, es posible transferirla al bastidor definitivo montando dos lados paralelos cada vez. De esta manera se mantiene desde el primer momento un grado de tensión aceptable muy similar a la del bastidor provisional. Es posible que la técnica descrita no mantenga completamente la tensión durante la operación de traspaso de la pintura entre bastidores, pero supone un paso adelante en el cuidado de la obra durante esta delicada fase de intervención.
CONCLUSIÓN A LAS OPERACIONES DE RESTAURACIÓN
Las pinturas tratadas en este artículo se han montado siguiendo el proceso descrito.
Finalizada esta fase, las lagunas de la capa pictórica han sido estucadas con cola animal y yeso de Bolonia, seguido del nivelado y la texturización de los estucos. Posteriormente han sido reintegradas con acuarelas y barnizadas con resina natural de almáciga.
La reintegración cromática se ha completado con la técnica de la selección cromática con pigmentos y barniz.
Para el barnizado final se ha usado una resina cetónica y cera aplicadas con pulverizador.
Finalmente, para proteger el entelado y el reverso del polvo, se ha colocado un papel kraft fijado con cinta adhesiva reversible.
CONSIDERACIONES FINALES
En estos últimos años hemos realizado muchos estudios e investigaciones de técnicas e instrumentos de cara a obtener la máxima eficacia de las prestaciones junto con la simplicidad y facilidad de uso.
El propósito ha sido el de favorecer una mayor difusión en el campo de la restauración de procedimientos y tecnologías cada vez más perfeccionadas y avanzadas. Los resultados obtenidos han sido muy positivos no solamente en el entelado descrito, sino en otras operaciones, como por ejemplo, la fijación de la capa pictórica y de preparación con productos naturales o de síntesis.
Se ha puesto un particular empeño en el proyecto de la centralita computerizada para el control del calor aplicado en las obra de arte. Hemos querido que sea versátil, de manera que se pueda utilizar de forma completamente automática, con mucha precisión y para cada temperatura seleccionada, con una amplia gama de planchas y termocauterios, de varias potencias y dimensiones, para múltiples y complejas intervenciones.
La posibilidad de disponer de la temperatura controlada, mediante un aparato polivalente, ha cambiado nuestra manera de actuar, respecto al entelado con pasta de harina, ya que es posible, incluso, en aquellas pinturas sensibles a las variaciones térmicas, trabajando con las planchas a temperaturas muy bajas (40-45 °C) pero perfectamente estables.
En cambio, es necesario señalar que una limitación de nuestro instrumento respecto a la mesa caliente consiste en que el calor es siempre suministrado desde la parte superior y por contacto. Con esta técnica, el cuadro se coloca con la superficie pictórica apoyada en el plano de la bolsa, esto excluye, incluso si la pintura está protegida con un estrato de goma, el uso del aparato en las obras donde la capa pictórica tiene un cierto grosor y es frágil. En el caso de que el cuadro estuviera colocado con la capa pictórica hacia arriba la problemática continuaría siendo la misma.
Estamos buscando una solución a estos inconvenientes y pensamos llegar próximamente a la realización de una nueva y práctica superficie de trabajo controlada electrónicamente.
Una última ventaja de nuestra metodología consiste en la flexibilidad y facilidad de uso, incluso en pinturas de grandes dimensiones que no cabrían en una mesa caliente.
La pintura, una vez introducida en la bolsa y aplicado el vacío, se puede seccionar idealmente de la manera y en el número de partes que se considere necesario; cada sección será calentada por un intervalo establecido, de manera que toda la superficie recibe la misma cantidad de calor en una idéntica unidad de tiempo, tal y como se ha descrito en este artículo.
AGRADECIMIENTOS
A Marco Goretti, gran amigo y colaborador, por la contribución científica; D. Ugo Fossa y Rossella Cavigli por su colaboración; Giampiero Viti por sus sugerencias; Nicoletta Carini por la revisión del escrito; Tiviano Bruni por la competencia técnica y la colaboración durante la preparación de los instrumentos de control de temperatura aquí descritos y a Cecía Servera por la traducción del artículo.


[1] Este artículo ha sido traducido del original en italiano por Cecía Servera López, Diplomada en Conservación y Restauración de Pintura por la ESCRBCC.
[2] El entelado transparente fue introducido por Alain Boissonnas en 1961. Bibliografía esencial: Gustav Berger, La foderatura, Florencia: Nardini Editore, 1992, p. 86-93;  Gustav berger, “Transparent Lining of Paintings”, 11 th. Triennial meeting ICOM, Edimburgo, 1-6 septiembre, 1996, v. i, p. 239-244.
[3] La resina es un polímero termoplástico reversible, capaz de pasar del estado sólido al fluido a través de las diferencias de temperatura. Calentándola se obtiene la fusión y bajo presión la penetración en los materiales. En fase de enfriamiento el adhesivo se “reconsolida” permitiendo la unión de las superficies.
[4] Las inscripciones en el reverso de la tela, con referencia al Sudario en Roma, podrían indicar un lugar, esto es, la iglesia descrita por Mariano Armellini en Le chiese di Roma dal sec. iv al xix,  Roma: Nuova Edizione, 1942, de la que reproducimos este fragmento: “SS. SUDARIO DEI SAVOJARDI – Esta pequeña iglesia fue en origen dedicada a san Luis cerca de la Plaza de Siena (San Andrea della Valle). Fue reedificada por la compañía de los Savojardi y Piemontesi presente en Roma desde 1537 bajo el nombre de la Santa Sindone y erigida en archiconfraternidad en 1592 por Clemente viii. La nueva iglesia fue erigida de los cimientos el año santo 1605, pero en el siglo pasado fue restaurada de nuevo. La plaza que era cercana a aquella de san Luis de los Franceses, situada entre el Sudario y la Torre Argentina, se llamaba Platea Saponaia. (Arch, Vat. Div. Pont. iii. i, fol. 128)”.
[5] Para una descripción más detallada del control de las temperaturas en la restauración de pinturas, consultar el artículo de Mario Verdelli, Nadia Presenti, Marco Goretti, “Il controllo delle temperature nel restauro delle opere d’arte”, Kermes, 25 (1996), p. 25-32.
[6] Una descripción del instrumento y los estudios derivados han sido publicados por Mario verdelli, Nadia Presenti, Marco Goretti, Tecniche avanzate di sottovuoto nel restauro dei dipinti, Florencia: Edifir, 2000, p. 17-35.
[7] Gustav Berger, La foderatura…, p. 62-66. Berger describe este sistema de bandas de tela entorno a la pintura para mejorar la aspiración dentro de la bolsa.
[8] Mario Verdelli, Nadia Presenti, Marco Goretti, Tecniche avanzate di sottovuoto…, p. 34.
[9] El sistema de centralita electrónica computerizada utiliza una pareja de microprocesadores usados en la industria pero reprogramados en nuestro laboratorio.
[10] En todas las planchas, a causa del rudimentario sistema termo-mecánico de control de la temperatura perfectamente idéntico en cada modelo y marca, y a causa de la inercia térmica (la placa continua aumentando la temperatura incluso después de la interrupción de energía), se registran, para todas las temperaturas seleccionadas, variaciones térmicas de hasta 20-25 ºC. Las planchas ideadas para la restauración sólo se diferencian por la masa superior de la placa metálica, que complica mayormente el funcionamiento. En éstas, de hecho, se pueden alcanzar variaciones térmicas muy superiores, de hasta 40 °C. Este hecho las hace inadecuadas para casi todas las operaciones de restauración. El problema ha sido debidamente analizado en Mario Verdelli, Nadia Presenti, Marco Goretti, Il controllo delle temperature nel restauro…, p. 25-32.
[11] Los mejores resultados de adhesión por fusión de Beva-film® se obtienen a 65 °C, tal y como indica el propio Gustav Berger y el estudio realizado por Juliet J. Hawker del Courtauld Institute of Art de Londres en “The bond strengths of two hot table lining adhesives – Beva 371 and Plextol D360”, 8 th. Triennial Meeting ICOM, Sidney, 6-11 septiembre, 1987, v. i, p. 161-166.
[12] En este tipo de aplicaciones, que necesitan un control cuidadoso y homogéneo de la temperatura, preferimos, excepto en algunos casos, transferir el calor por conducción (contacto plancha-objeto) porque es más fácil de medir y controlar, por ejemplo, que la transmitida por irradiación (resistencias, lámparas, etc.).
[13] Una posición similar, pero pensada para un sistema diferente de anclaje sobre un bastidor fijo, ha sido descrita en Ottavio Ciappi, Marco Ciatti, Rubens agli Uffizi, Florencia: Edifir, 2001, nota 19, p. 85. El proceso también ha sido descrito por los mismos autores en OPD Restauro, 8 (1996), p. 161-163.
[14] La expansión es muy contenida y permanece en los límites de la gestión de la tensión de la tela.
[15] Nos referimos al hecho de que no todos los cuadros se pueden apoyar con la capa pictórica sobre un plano sin sufrir alteraciones; debemos pensar en algunas pinturas modernas con un color frágil y particularmente con relieve.

Fuente: http://unicum.cat/es/2011/05/tecniques-modernes-per-a-l%E2%80%99entelat-transparent-de-pintures/

miércoles, 3 de abril de 2013

Pintura sobre madera. Tecnica antigua


Giotto“Santo Stefano” – tempera sobre madera – Florencia, Fundación H.P.Horne.  
Ilustración sobre la técnica de la tempera al huevo sobre madera, típica del ‘300, con particular referencia a las fases del dorado.


1 - Preparación de la tabla.
2 - Dorado a “guazzo” con hoja de oro.
3 – Coloración para definir las sombras.
4 - Preparación del fondo con bol para el dorado.
5 - Preparación del soporte en madera  (varias capas: gesso, cola, color)
6 - Preparación del diseño “a spolvero”.
7
- Ejemplo de extendido rasgueada tipica de la tempera al huevo.  
8 - Coloración base “incarnato” (ocre, biacca, carmín, negro)
9 – Punzonado sobre el dorado.
10 – Resplandor.
11 - Coloración del acabado a base rojo carmín.
12 - Coloración  de la preparación para la decoración del vestido.



martes, 19 de marzo de 2013

Sistemas para la eliminación o reducción de barnices 2


Cuando lo que se desee gelificar es una mezcla de disolventes será necesario calcular los parámetros de  solubilidad de la nueva mezcla formada y estimar el tipo de Ethomeen necesario, según se indica en el triangulo de solubilidad presentado a continuación:

Figura 6.- Relación entre los parámetros de solubilidad de la mezcla
de disolventes y la selección del tipo de Ethomen recomendado
 para mezclar con el Carbopol.

Secuencia general para la preparación de un gel de disolventes:


Figura 7

Figura 7.- Antes de iniciar la elaboración del gel es necesario haber calculado, pesado y medido correctamente todos los componentes del gel




















Figura 8


Figura 8.- Las mezclas se realizarán preferentemente en un agitador magnético, añadiendo uno a uno los disolventes y manteniendo una agitación constante.












Figura 9



Figura 9.- Finalmente se añade el espesante, lentamente y manteniendo la agitación, evitando en lo posible la formación de grumos.










Figura 10





Figura 10.- El gel debe quedar con una consistencia de pasta fluida para facilitar su extensión sobre la superficie pintada.




Las emulsiones son otros sistemas alternativos para la eliminación de barnices.

Con una emulsión se pueden mantener de manera estable, disolventes que no son inicialmente miscibles, lo que amplía de manera importante las posibilidades de actuar
sobre una capa de barniz. La forma de mantener unidos permanentemente disolventes no miscibles, es mediante la adición de un tensioactivo que actúa como emulgente.

Un ejemplo del uso de emulsiones es el siguiente: 2 g de Brij 35 (tensioactivo no iónico, HLB 16,9) se mezclan en baño de María con 10 ml de agua, luego se añaden 2 ml de Tween 20 (tensioactivo no iónico, HLB 16,7) y, una vez a temperatura del ambiente y fuera del baño de María, se agregan 90 ml de un hidrocarburo (White Spirit o ligroina) agitando continuamente hasta formar una emulsión estable.

Si se desea preparar una emulsión básica a partir de la anterior: después del Tween 20 se añade entre 1 y 5 ml de TEA controlando el pH (sólo llegar a un valor entre 8 y 9) mostrándose eficaz para la eliminación de películas grasas, barnices de resinas naturales y aceites.


(Es preferible el uso de la TEA en sistemas de limpieza en forma de pasta o gel, de modo que se pueda reducir la posibilidad de que queden restos de este disolvente de carácter básico e higroscópico)


Si se desea preparar una emulsión ácida a partir de la anterior: después del Twenn 20 se añade 0,5 y 1,5 ml de ácido acético a 80% (no disminuir el pH por debajo de 5,5) mostrándose en este caso eficaz para la eliminación de películas proteicas como colas de origen animal mezcladas con los barnices. En ambos casos es imprescindible realizar un aclarado muy cuidadoso, pudiendo ser con White Spirit.

Los jabones de resina han sido sistemas de limpieza ampliamente investigados y discutidos, como se puede confirmar en la literatura especializada, habiéndose podido estimar el papel y la eficacia de cada uno de sus componentes en la limpieza. La fórmula que presentamos a continuación es una variante que no incluye el tensioactivo Tritón X-100 y, además, permite realizar modificaciones del jabón de base de acuerdo con la composición y el nivel de oxidación de la capa de barniz a eliminar.

A 100 ml de agua desionizada se agregan 6 ml de TEA y luego 2g de ácido abiético, al cabo de 5 minutos de agitación, la dispersión se filtra y el residuo sólido del filtrado se desecha. En este momento se realiza el control del pH hasta alcanzar un valor de 8,5 con la adición de gotas de HCl (1M). Por último se puede finalmente espesar la disolución con 3 ó 4 g de Klucel G. Este es el jabón de base con el que se puede realizar la eliminación de capas de barnices no muy oxidados. Algunas modificaciones como la adición de alcohol bencílico (sólo hasta el 2% del volumen total del gel) para la eliminación de películas de barnices muy oxidadas. En caso de que el jabón se extienda poco sobre la superficie, es posible incrementar el poder de humectación con la adición de un disolvente más polar como el DMSO (sólo hasta del 2% del volumen total del gel). Si la capa de barniz es grasa, es posible aumentar la eficacia del jabón añadiendo algunas gotas de amoniaco hasta alcanzar un pH ligeramente más alto, es decir al alrededor de 9,0 -10. Esta modificación del jabón requiere de un control minucioso en la eliminación gradual del barniz graso, ya que no es aconsejable que permanezca mucho tiempo en contacto con la superficie al óleo. Por ultimo, si la capa de barniz presenta suciedad acumulada a través del tiempo y se decide realizar preferentemente la eliminación parcial de esta contaminación, es aconsejable la incorporación de un agente quelante; habiendo obtenido resultados satisfactorios con la incorporación de 1g de citrato de triamonio cada 100 ml del jabón de base. En todos los casos es conveniente realizar el aclarado con agua desionizada, en dos o tres pases espaciados.

Como hemos observado en la última propuesta de modificación del jabón de resina, es posible realizar limpiezas algo más selectivas de la suciedad acumulada sobre los barnices, con el empleo de agentes quelantes. Con esta práctica se evita en muchas ocasiones la eliminación total del barniz, disminuyendo obviamente el riesgo de intervención directa sobre las capas de pintura. Algunas alternativas para el uso de estos sistemas acuosos con agentes quelantes son las siguientes: citrato de triamonio 0,5g – 1g en 100 ml de agua desionizada, logrando así una disolución de pH neutro. Este sistema se aclara con agua desionizada. Por otra parte, si la suciedad presenta un mayor contenido graso se puede preparar una mezcla con 1 a 5g de ácido cítrico en 100 ml de agua desionizada y 2 a 10 ml de TEA (2 ml por cada gramo de ácido cítrico) la disolución se puede espesar añadiendo entre 4 y 5g de Klucel G. En todos los casos el sistema de aclarado es también con agua desionizada. 

En la actualidad el estudio de los posibles residuos de estos sistemas de limpieza es uno de los aspectos de gran prioridad en el campo de la conservación y restauración de bienes culturales. En diversas instituciones se están realizando investigaciones ordenadas y respaldadas por importantes proyectos con resultados que están aportando una valiosa información al respecto.

Algunos resultados significativos de las investigaciones llevadas a cabo en este campo, desde el uso de disolventes hasta el de sistemas acuosos gelificados, podríamos resumirlos en los siguientes apartados:

• Los disolventes en forma líquida pueden actuar de forma arriesgada sobre las superficies pintadas, pudiendo llegar a retirar parte del material más debilitado.

• La penetración a través de las fisuras de la pintura, así como la retención de los disolventes es un hecho comprobado, siendo imprescindible cumplir los tiempos de secado de las pinturas después de la limpieza, antes del barnizado.

• El aporte del IRPA sobre la clasificación de los disolventes de acuerdo con su poder de penetración y retención en las capas de pintura, ha marcado una pauta muy importante para la selección de los disolventes como sistemas de limpieza.




• Se ha comprobado recientemente que no solo el poder de los disolventes utilizados inadecuadamente puede ser nocivo para las pinturas, sino que algunos pueden dejar impurezas como son compuestos de alto peso molecular y alto punto de ebullición, compuestos ácidos y sales de estos ácidos que permanecen como compuestos reactivos a los que son sensibles tanto los aglutinantes como los pigmentos de las capas de pintura. Por esta razón se hace imprescindible el uso de disolventes de calidad adecuada.

• Dusan Stulik and Richard Wolbers en resultados publicados en 2004 demostraron que durante el proceso de limpieza algunos compuestos de los sistemas gelificados se evaporan lentamente (agua, y disolventes poco volátiles) sin embargo, si se emplea un correcto aclarado algunos de estos compuestos pueden ser totalmente eliminados. No obstante, otros compuestos menos volátiles como Ethomeen y el alcohol becílico se eliminan con mayor dificultad en superficies con gruesos craquelados.

• Narayan Khandekar en 2004 observó también que la presencia de posibles residuos de sistemas gelificados no es uniforme en todas las superficies pintadas, ni en toda la extensión de una misma superficie. En sus resultados apunta que generalmente no fueron detectados residuos de sistemas gelificados en un estudio realizado en 7 obras, incluso después de 15 años. Sólo en ocasiones ha detectado bajas concentraciones de Ethomeen C-25


• En 2004 Aviva Burnstock and Klaas Jan van den Berg publican los resultados de investigaciones sobre los posibles residuos de citrato de amonio en las superficies pintadas, llegando a concluir que el citrato de triamonio fue útil para la eliminación de suciedad superficial a una concentración de 2,5% en agua, sin embargo, altas concentraciones (10%) afectaron visiblemente la superficie de la pintura. También apuntan que a una concentración de 2,5% no fueron identificados residuos en las micromuestras estudiadas empleando la técnica de GC-MS

• Más reciente, en 2006, Andrés Sánchez Ledesma, Ubaldo Sedano y Susana Pérez presentan los resultados del inicio de un proyecto español sobre el estudio de residuos de sistemas de limpieza en los que demostraron que un jabón de ácido oleico-trietanolamina fue efectivo para la limpieza de superficies doradas, cuando se realizó un aclarado con etanol. Sin embargo, con otros sistemas de aclarado como White Spirit e isopropanol se detectaron posteriormente residuos agresivos sobre acabados de purpurinas y un pan de oro con una aleación (Au : Ag : Cu). También concluyeron que el relieve de la superficie influye significativamente en la posterior detección de residuos de este jabón, habiendo sido detectados estos mediante GC-MS.

La creación de un protocolo acertado para la limpieza de pinturas es una idea cabal sobre la que se debe continuar trabajando continuamente a la vez que se avanza en el conocimiento de los efectos de los sistemas de limpieza y aparecen nuevos productos y nuevos métodos. Un ejemplo de estos protocolos es la limpieza modular (disponible aqui) especialmente diseñado para el uso de los sistemas acuosos.


Teniendo en cuenta que los disolventes orgánicos son sustancias a las que aún no es posible renunciar para la eliminación total o parcial de barnices, a la vez que se cuenta con otros métodos de limpieza de fácil aplicación. Nosotros proponemos un protocolo sencillo y razonado con el que se puede realizar la limpieza total o parcial de barnices naturales y sintéticos con diferente nivel de deterioro. Siempre partiendo del conocimiento previo del material que se desea eliminar, así como de la técnica pictórica y de las condiciones generales de la superficie de la pintura. Obviamente este protocolo es una propuesta general, susceptible a modificaciones que en ocasiones imponen la realidad material y el estado de conservación tanto de la obra como de los barnices que las protegen.

Jr: jabón de resina, Aq: agente quelante










Sistemas para la eliminación o reducción de barnices 1


Estudio de residuos.

Por Andrés Sánchez Ledesma, Ubaldo Sedano, Susana Pérez, Juan Alberto Soler, Hélène
Desplechin y Marta Palao.
Conferencia en Barcelona
Junio 2006


El proceso de limpieza de una superficie pintada debe estar precedido del conocimiento previo tanto del material que se desea eliminar, como de la técnica de ejecución de la pintura. A partir de esta información será posible realizar la selección del sistema de limpieza más adecuado y, además, se podrán valorar los riesgos del sistema elegido para la superficie específica que se pretende limpiar.

Es aconsejable realizar la identificación del barniz o del recubrimiento de la superficie de la pintura a partir de técnicas de análisis químicos de precisión, en los laboratorios de servicios especializados para la restauración de bienes culturales, pues el empleo de otros métodos como los ensayos de tinciones sólo aportan una información limitada, en ocasiones confusa, para la identificación de la composición barniz, quedando entonces esta premisa tan necesaria sin cumplir. Por otra parte, el restaurador debe estar entrenado en la separación de la muestra de acuerdo con el objetivo del análisis. Si sólo desea conocer la composición del barniz será suficiente tomar una muestra de éste con un hisopo y disolvente, en un borde de la pintura, o mediante un raspado muy selectivo de la capa de recubrimiento donde únicamente se separe la película superficial. En el caso de usar hisopo y disolvente, éste no debe ser guardado en un recipiente de plástico, pues los vapores residuales del disolvente podrían remover algunos compuestos del plástico, distorsionando considerablemente los resultados de los análisis. Un recipiente de vidrio o el papel de aluminio son adecuados para este fin.
Figura 1.- Separación de una muestra de barniz con hisopo (izquierda)
y con un raspado superficial (derecha)



En algunas ocasiones es importante tomar, además, una micromuestra en profundidad, con la que se pueda observar la superposición de estratos. Esto es especialmente útil en obras de composición y estados de conservación complejos, por ejemplo, cuando el deterioro de ciertos pigmentos en las capas de pintura pueden confundirse con barnices oxidados como sucede con los procesos de degradación del azul esmalte y del resinato de cobre, cuando existen varias capas de barnices o acabados superpuestos, cuando hay técnicas con veladuras o corlas con barnices de reposición superpuestos, o cuando es necesario discernir la estrategia de limpieza en obras de gran complejidad como son los muebles lacados, etc. Ningún otro método como el estudio de la sección transversal de una micromuestra puede aportar una información tan precisa en estos casos.


Figura 2.- Imágen de la sección transversal de una micromuestra en la que
se aprecian varias capas de barnices superpuestos.



Entre los sistemas de limpieza que se han propuesto para la eliminación de barnices estudiaremos aquellos que pueden aportar un resultado efectivo, teniendo presente que todos conllevan un riesgo importante y diferente para la conservación de la pintura. Aún hoy no se puede hablar del método exento de riesgos, pero sí se puede plantear una metodología ordenada, razonada y coherente que permita efectuar una intervención a partir de la base de los conocimientos necesarios para realizar un proceso más seguro y efectivo como son: conocimiento del material que se quiere eliminar, la técnica de ejecución de la pintura, las posibilidades y limitaciones de los sistemas disponibles, así como sus posibles efectos de acuerdo con las características superficiales de la pintura que se pretende limpiar.


Los sistemas estudiados en la conferencia son: disolventes orgánicos, disolventes orgánicos gelificados, emulsiones, jabones de resina y sistemas acuosos, específicamente disoluciones de agentes quelantes.
Los disolventes orgánicos son sustancias de las que aún el restaurador no puede prescindir para la eliminación de barnices, son una herramienta eficaz que, empleada adecuada y selectivamente, puede aportar resultados satisfactorios.

Actualmente la selección de disolvente se hace a partir de ensayos de solubilidad razonados y con un número muy limitado de disolventes, especialmente escogidos tanto por su efectividad en la disolución de aquellos materiales de uso frecuente en los barnices y recubrimientos, como por el menor efecto tóxico para el restaurador.


Los métodos elegidos para la selección de disolventes son: el test de R. Feller, el test de R. Wolbers y el test de P. Cremonesi. El primero consiste en el uso de ciclohexano, tolueno y acetona distribuidos en 13 combinaciones posibles, iniciando las pruebas de solubilidad por el disolvente y las mezclas menos polares hasta las más polares. Este ensayo es bastante eficaz, aunque se pueden mencionar limitantes como el empleo de tolueno, disolvente de toxicidad relativamente elevada y que en caso de llegar a la mezcla 13 (fd : 47) la recomendación es realizar pruebas con etanol (fd :36) quedando un amplio margen de posibilidades entre estos dos valores.

Figura 3.- Diagrama de solubilidad según el Test de Feller.

Por otra parte Richard Wolbers sugiere el uso de Mineral Spirit (comparable con White Spirit libre de aromáticos) isopropanol y acetona. En este caso puros o mezclados en las proporciones (1:3, 1:1 ó 3:1) tanto para mezclas de MS : isopropanol, MS : acetona y acetona : isopropanol. Teóricamente con estas mezclas se logra abarcar un área mayor en el triangulo de solubilidad, lo que permite cubrir más variantes en la composición y estado de oxidación de algunos barnices.

Figura 4.- Diagrama de solubilidad según el Test de Wolbers


Posteriormente Paolo Cremonesi retoma el test de Feller sustituyendo el tolueno por ligroina, un hidrocarburo derivado del petróleo con un punto de ebullición entre 80 y 140 ºC, de baja toxicidad (TLV 890 ppm) y muy escaso contenido de hidrocarburos aromáticos (< 0,1 %). Además, incorpora etanol (fd : 36) ampliando el número de posibilidades con las que se puede realizar ordenadamente las pruebas de solubilidad.

Las mezclas de dos disolventes propuestas están compuestas por combinaciones de ligroina : etanol y ligroina : acetona, en una sucesión que abarcan 9 mezclas de cada combinación y tres mezclas de etanol : acetona, además de los ensayos con los disolventes puros.

Figura 5.- Diagrama de solubilidad ssegún el Test de Cremonesi

Test de Feller:


Test de Wolbers:


Test de Cremonesi:



Con el objetivo de optimizar el uso de estos ensayos se han estimado los parámetros de solubilidad de algunos materiales filmógenos -tanto naturales como sintéticos- a partir de los parámetros de solubilidad de los disolventes capaces de disolver estos materiales, según los datos recogidos en la literatura. Esto permite,
teóricamente, establecer una relación más próxima entre el material identificado y los valores de solubilidad calculados para las distintas mezclas en las tablas de disolventes.

Sin embargo, la experiencia nos ha demostrado que la realización de bases de datos con los resultados analíticos de un gran número de barnices y recubrimientos presentes en obras en procesos de limpieza y su correlación con los valores de solubilidad de las mezclas reales que han servido para su eliminación a partir de las propuestas en las tablas, permiten establecer relaciones mucho más precisas que las que se consiguen sólo a partir del estimado teórico calculado.

En las próximas dos tablas se muestran ejemplos del valor fd estimado a partir de los datos de solubilidad recogidos en la literatura, y en la tercera algunos ejemplos de los que han sido obtenidos a partir de estudios analíticos y pruebas de solubilidad en obras reales, pertenecientes a la base de datos que se realiza en el laboratorio Arte-Lab S.L.





Otra alternativa a tener en cuenta para la selección de disolventes es la propuesta que hizo el IRPA, después de realizar un estudio de gran trascendencia sobre un aspecto importantísimo: el poder de penetración y retención de los mismos.

La siguiente tabla indica las mezclas sugeridas específicamente para la eliminación de barnices, mostrando en la última columna el poder de penetración de los disolventes recomendados (IV: volátiles, III: muy penetrantes pero de retención corta, II: llamados moderados, con una penetración y retención moderadas).



Existe otro grupo de disolventes, que con alguna frecuencia se utilizan en la eliminación de barnices, precisamente por su capacidad para disolver un gran número de sustancias orgánicas, incluso muy polimerizadas. Estos disolventes pueden considerarse como sustancias de riesgo debido a su alto poder de penetración y retención en el interior de las pinturas y, en ocasiones, pueden llegar a reaccionar con los materiales presentes en las mismas. Por estas razones el uso de estos disolventes debe ser justificado, preferiblemente como componentes minoritarios en mezclas con otros disolventes y preparados de forma que actúen en la superficie. Entre este grupo podemos citar los siguientes:


Dimetilformamida (DMF): disolvente incoloro, PE: 153 ºC, miscible en agua y en numerosos disolventes orgánicos, capaz de remover una gran cantidad de materiales orgánicos por lo que se le conoce como “disolvente universal de orgánicos”.
Extremadamente tóxico: tiene actividad hepatotóxica, se ha comprobado su acción carcinogénica en animales de laboratorio, se hidroliza parcialmente en ácido fórmico y n-n dimetilamina que es también de carácter muy tóxico. Es altamente penetrante y de retención muy elevada en las superficies porosas como las pinturas.

Dimetilsulfóxido (DMSO): Disolvente incoloro, PE: 189 ºC, miscible en agua y en numerosos disolventes orgánicos, excepto algunos hidrocarburos; es higroscópico.
Tiene una baja toxicidad, siendo el mayor riesgo el contacto directo con la piel pues causa una importante irritación. Es altamente penetrante y de retención muy elevada en las superficies porosas como las pinturas.
Hidróxido de amonio (amoniaco): Es una base débil (poco disociada) la disolución al 2% presenta un pH superior a 11,0. Es tóxico, ya que es altamente irritante de las mucosas y los ojos, la inhalación de grandes cantidades puede causar edema pulmonar, también la inhalación de grandes cantidades interfiere en el metabolismo de las proteínas. Las disoluciones muy concentradas de amoniaco pueden reaccionar con compuestos de cobre, pudiendo llegar a formar compuestos de coordinación cuproamoniacales, entre estos compuestos de cobre están algunos pigmentos como la malaquita y la azurita. Es un producto de alta penetración y retención en los cuerpos porosos como las pinturas, puede actuar de manera muy adversa sobre el aceite de las pinturas al óleo.

Disolvente nitro: No es una sustancia química pura sino la mezcla de varios disolventes, realizado con la intensión de remover la mayor cantidad de resinas diferentes. Presenta una composición muy variable, por ejemplo 40-50% de tolueno o xileno y en ocasiones disolventes clorados.


Una de las fórmulas comerciales es: DMSO (10%), etanol (30%), acetato de butilo (40%) y Citrosolv® (20%)

Otras fórmulas contienen proporciones variables de metiletilcetona, metilisobutilcetona, diacetona alcohol, isopropanol, tolueno y butilamina. Evidentemente este un disolvente de riesgo para la limpieza de pinturas.

Uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta cuando se manipulan disolventes son los parámetros de toxicidad. Existen distintas medidas que aportan información sobre los niveles permitidos en el ambiente, así como de las dosis letales de estos compuestos. En la siguiente tabla se aportan datos expresados en ppm (partes por millón) o mg/cm3 de las cantidades de disolventes permitidas en el ambiente (TLV) en una jornada no mayor de 8 horas de los disolventes citados en los ensayos de solubilidad mencionados al inicio. En la medida que decrecen los valores de TLV se incrementa el poder tóxico del disolvente.



Es muy importante el cumplimiento estricto de las medidas de seguridad laboral cuando se trabaja con disolventes orgánicos. Entre estas medidas son imprescindibles el trabajo con máscaras adecuadas, el uso de extractores y garantizar ambientes correctamente ventilados. Siempre hay que evitar el contacto de los disolventes con la piel, así como la inhalación de los mismos. Otro aspecto imprescindible que hay que tener en cuenta es el correcto almacenamiento de estos productos, para el que se debe recibir un asesoramiento especializado en los talleres de restauración.

Una alternativa al uso de disolventes ha sido la gelificación de los mismos o la formación de una pasta fluida que se pueda extender fácilmente sobre la superficie del material que se quiere eliminar, de esta manera se garantiza un mayor tiempo de actuación del disolvente sobre el recubrimiento, a la vez que se disminuyen los riesgos de penetración y evaporación de los disolventes contendidos en el gel. Esta alternativa, claro está, sólo podrá ser aplicable si las condiciones de la superficie pictórica son adecuadas para la aplicación, evidentemente superficies muy agrietadas e irregulares o con grandes empastes de la capa pictórica no son idóneas para seleccionar esta variante en el uso de disolventes.

Entre los materiales espesantes más empleados están los derivados de la celulosa: metilcelulosa (MC), hidroxipropilmetilcelulosa (HPMC, comercializado también como Klucel G), Hidroxietilcelulosa (HEC, comercializado también como Tylosa H) con los que es posible formar pastas de disolventes polares como alcoholes, aminas, DMSO, ésteres, cetonas y agua.

Otros espesantes son derivados del ácido acrílico conocidos comercialmente como Carbopol®, siendo el 934, 940 y 941 los más empleados.


El Carbopol es un producto ácido que al ser neutralizado amplía satisfactoriamente su poder espesante, de ahí que adecuadamente se emplee para espesar un medio alcalino o previamente se neutralice con una base, facilitando entonces la formación del gel. Entre las bases utilizadas se emplean productos pertenecientes al grupo de las aminas etoxiladas como son los tensioactivos no iónicos comercializados como Ethomeen. La proporción recomendada para formar un gel con Carbopol y Ethomeen es de 20 ml de Ethomeen por cada 2g de Carbopol, siendo necesario el uso de Ethomeen C-12 si se quieren gelificar disolventes apolares o Ethomeen C-25 si se quieren gelificar disolventes polares.

continua...