sábado, 9 de marzo de 2013

Consolidación del color

La necesidad de intervenir con la consolidación del color se pone en relación a la pérdida de cohesión de un material con un consecuente aumento de la misma porosidad.
La rehabilitación de un material que se desmorona requiere la impregnación de la microporosidad adquirida a través d eun líquido consolidante, es decir, capaz, una vez que penetra, de pasar al estado "solido", devolviéndo la cohesión.

Los consolidantes pueden ser de orígen natural (animal, vegetal) o sustancias fruto de síntesis. Muchas de estas sustancias son también adherentes, pero un consolidante tiene que satisfacer un mayor número de exigencias: 


  • capacidad de impregnación
  • tiempo de fraguado lento
  • compatibilidad con los materiales originales
  • estabilidad química y física
  • no pueden poseer acción solvente o que reaccione con el material que se va a consolidar

Los consolidantes pueden ser aplicados en soluciones, por fusión o pueden ser monomeros polimerizables.

Cuando no se tienen claro las reales diferencias entre sustancias adhesivas y consolidantes, y como consecuencia sobre las operaciones de fijación y de consodación del color, se generan equívocos y errores que pueden poner en riesgo la obra misma.

Un exámen detallado y claro de este problema se encuentra en el libro " La química de la restauración. Los materiales en el arte pictórica" de M. Matteini y A. Moles. Nardini Editori.




Fijación del color

El levantamiento y desprendimiento de partes de material de un soporte es un fenómeno frequente: en general son fragmentos de capa pictórica que, por diferentes causas, se encuentran en condiciones de escasa adhesión o próximas para caer. Esto vuelve necesario recolocar los fragmentos aplicando un adhesivo que nos asegure estabilidad. 

En esta operación necesitamos sustancias que sean capaces de crear fuerzas de atracción entre las dos superficies de contacto. 

Los modos para aplicar dichas sustancias son muy variados y dipenden basicamente del tipo de adhesivo empleado, éste último se clasifica según su mecanismo de adhesión (evaporación del solvente, proceso químico, fusión y re-solidificación, presión), o en relación a su orígen y naturaleza química (animal, vegetal, de síntesis, ceras) o en base a la aplicación a la cual está destinado.


El velinado

Como operación protectora, el velinado se aplica a una obra de caballete, cuando es necesario moverla para su restauración, con el fin de impedir que una parte de la capa pictórica se pierda durante el traslado y durante el curso de las otras operaciones de restauración.

Este proceso consiste en extender un adhesivo (normalmente cola animal) sobre la capa pictórica de la obra, protegida con papel especial que no se contraiga y que sea muy absorbente (normalmente se usa el papel japonés).

Sin embargo, la penetración de la cola en las capas pictóricas no será uniforme, por lo que no garantiza solidez y estabilidad a la obra en general. Se trata únicamente de una medida de prevención durante el proceso de su restauración.

Continúa en Fijación del color

lunes, 4 de marzo de 2013

La Limpieza


Limpiar una pintura de caballete significa:

- La eliminación de manchas de la superficie debido a salpicaduras, colas, barnices, etc;
- Eliminación de la suciedad depositada y parcialmente englobada a lo largo del tiempo en la superficie de la obra;
- La eliminación de los repintes que sobresalen, no naturales, que desfiguran o alteran la obra simplemente;
- La eliminación, o más bien el adelgazamiento de las capas de protección (pinturas o barnices sobrepuestos o alterados e incluso derivados del barniz original) que impiden o limitan gravemente la correcta lectura de la obra.

Es fácil entender cómo la limpieza es una de las etapas más delicadas y arriesgadas a la que una obra de arte es expuesta, sobretodo, dado su carácter totalmente irreversible. No es casualidad que en relación con esta intervención en particular se presenta a menudo una amarga controversia que, además de arrojar luz sobre los posibles daños y perjuicios derivados de la operación misma, también han dejado claro que no existen y es poco probable que lleguen a existir normas específicas a seguir, y que se tenga que confiar – caso por  caso - en la habilidad y sensibilidad de aquellos que tienen que limpiar y, aunque alentados y respaldados por toda la ayuda posible ofrecida por la ciencia, serán siempre los responsables a final de cuentas.
Los problemas no son sólo una limpieza a fondo o una que respete la pátina - tema central de la controversia limpieza – son los problemas que afectan a la composición y estructura de la obra misma.

La pintura, como hemos visto, no siempre se compone de una capa de pintura cubierta por una mano de barniz aplicado después como una capa protectora. Si es así fuera, el problema sería, si no resuelto, ciertamente simplificado. De hecho, no sólo la pintura puede ser aplicada por el propio pintor, ya que puede haber sido su intención la de lograr este efecto bien definido, incluso con el tiempo. Además, el artista pudo haber aplicado el barniz en la obra antes de haberla terminada: la capa facilita, de hecho, la sobre posición de las veladuras, y sabemos de pintores que tenían la costumbre de retocar sus obras terminadas. Cuando después se utilizaron los barnices pigmentados con el objetivo de infundir una tonalidad general y armonizar  la obra o parte de ella, ni siquiera es posible distinguirlos de la pintura, y en esto la ciencia está trabajando.
Teniendo presente todos estos problemas, podemos, de todas formas, generalizar afirmando que la operación de limpieza se efectúa teniendo como punto de referencia la diferencia de solubilidad entre la pintura original y aquello que debe de ser removido, en cuanto la intervención es esencialmente conducida a través de la disolución de las sustancias que se van a retirar, que debe proseguir con la eliminación mecánica de los geles que se forman.

Una diferencia de solubilidad se puede tener cuando existen diferentes materiales o también un diferente grado de envejecimiento entre materiales de la misma naturaleza. Comúnmente se distingue entre solventes débiles y fuertes , pero esto puede tener sentido solo en referencia a una sustancia en particular. Por ejemplo pensemos en el agua que no tiene poder para disolver la pintura al óleo pero que sin embargo disuelve con facilidad un guazzo o una acuarela o una tempera.

La composición de los barnices es, por una parte, extraordinariamente variada: en los antiguos tratados se habla de barnices de clara de huevo, ceras, aceites, gomas, resinas disueltas en esencia de petróleo. Es necesario entonces proceder siempre con test preliminares que garanticen la inocuidad de la operación. Se excluyen aquellos solventes que pudieran presentar daños inmediatos o a lo largo del tiempo; por esto se renuncia al uso de solventes de fuerte y larga retención como butilamina, tetraclorometano, etc. El empleo de solventes tendrá que tener en cuenta el grado de toxicidad para el restaurador (M.A.C.), el cual tendrá que tomar determinadas precauciones.

Desde el punto de vista metodológico no puede que aconsejarse una acción gradual (eventualemente junto con una atenta observación al microscopio) y una eliminación diferenciada de aquello que debe de ser removido, también utilizando medios que mantengan en suspensión los solventes, así como hacer uso de la limpieza mecánica.

Dados los riesgos a los cuales el restaurador está expuesto con el uso de solventes (todos los solventes orgánicos deberían de ser considerados tóxicos) y viendo la escasa selección en comparación a los materiales, se emprendieron investigaciones, desde hace como 20 años, sobre el uso en la limpieza de sustancias y métodos alternativos como las encimas, tensioactivos, el láser, etc.